viernes, 20 de noviembre de 2015

La vulnerabilidad, mi fortaleza


“La fortaleza de un ser humano reside en que se ame a sí mismo, no en que no se quiebre”.
-Pilar Padilla (Reflexión surgida durante un proceso de Coaching).

Hace unos días, en una dinámica transformadora, se me pidió otorgar “bendiciones” a la persona en la que yo pensara. La primer persona que se me puso en la mente para mandar una bendición, es una que parece a toda costa ser fuerte, de carácter, que “saca la casta” en las situaciones complicadas de la vida, que difícilmente derrama lágrimas y que también difícilmente da un abrazo cálido.

Para ella, de entre un montón de pequeñas tarjetas revueltas y sin ver, totalmente al azar,  tomé como bendición “la vulnerabilidad”.

Si tomamos en en cuenta el origen gramatical de vulnerabilidad, proviene del latín: vulnerabilis, término formado por vulnus, vulneris cuyo significado es herida, golpe; y a esa base se le suma el sufijo -abilis que significa posibilidad pasiva, entonces tenemos como vulnerable a alguien “que podría ser herido”.

A partir de ese día me he dado a la tarea de revisar dentro de mi -otra vez- puesto que he trabajado con mi propio estado de vulnerabilidad desde el Coaching –en la posición de Coachee o cliente-, desde las Constelaciones de Hellinger, desde el cojín de meditación e incluso desde el diván, de la mano de un terapeuta calificado en terapia Ericksoniana, al mismo tiempo que he acompañado como Coach a personas comunes y vulnerables, en la superficie o en el fondo, porque es una condición natural del Ser, la escondamos o no.

“Ser humano es ser vulnerable.”
Emmanuel Lévinas (1906-1995), filósofo y escritor francés.

¿Desde dónde experimento mi propia vulnerabilidad?

Podría ser del lado de la debilidad, de la que cierra las puertas al aprendizaje por ni siquiera preguntar los por qués o los cómos –por no poder reconocer lo valioso que resulta no saberlo todo-, por no aceptar que soy interdependiente con los demás, desde el hecho que no nací autónomo y que dependí de mis padres y de una infinita lista de antecesores que hicieron posible mi manifestación física en el aquí y el ahora, y de la línea sin límites de mis maestros y los maestros de mis maestros que me han llevado a conocer lo que hoy conozco.

Y de esta manera, cómo puedo ser entonces líder de mi familia, de mis colaboradores… y en primer lugar de mi mismo, si no he de solicitar la ayuda específica que necesito de los demás. Y, si no muestro mis flaquezas y mi lado humano, por tanto vulnerable ¿entonces qué voy a ver en mi equipo, en los cercanos? Es por esto que me pregunto: seré capaz de alentarlos, de motivarlos y aún de darles un feedback positivo cuando éste represente quizás darles las “gracias” y con esto reconocer implícitamente que su ayuda fue valiosa para mí o que yo sólo no lo hubiera logrado, actos que acarician sutilmente mi vulnerabilidad interna de forma inconsciente.
Aún más, podría ver cualquier acción de los demás –desvinculados y mostrando poco interés por ayudar a alguien que todo puede y todo lo sabe-como si fuera planeada en contra mía.

Por otro lado, el más afortunado, podría considerar que en mi vulnerabilidad reside mi mayor fortaleza. 

Y ¿qué gano de esta manera?
Primero el ser visto como soy, no sólo desde los ojos ajenos sino desde los míos propios, al no rechazar la parte vulnerable que también tengo y validarla, -validarme-, lo cual sólo podré lograr si me amo y me afirmo a mi mismo con todo lo que me conforma.
Si acepto esto por principio de cuentas, no tendré que invertir una gran cantidad de energía en ponerme un pesado disfraz de roca. Podré incluso derretir el hielo entre mis seres cercanos o mis colaboradores en la empresa, porque mi calidez y humanidad podrán salir a primera vista, sin necesidad de que los demás escarben para encontrarme, y sabrán que estaré más disponible para escucharles, presto para saber qué les pasa, qué les preocupa, qué les da miedo y qué necesitan de mi y de los otros.

La vulnerabilidad expresada de esta forma es justo la que nos permite relacionarnos con los demás, generar simpatía a nuestro alrededor y mostrar que pese a que tengo dificultades, tengo también recursos para afrontarlas de forma honesta y desde la humildad, y puedo incluso pedir ayuda y aprender de la situación.

Dado esto, cuando falle o cuando se me presente una necesidad, no lo negaré ni lo ocultaré a los demás y entonces encontraré en los demás comprensión y solidaridad, lo cual los convierte a ellos en seres practicando conmigo valores fundamentales que les traerán gozo y felicidad genuina.
Y así, cuando el otro pase por un estado de vulnerabilidad, yo también podré poner en práctica con él la presencia, la escucha, la empatía, la compasión y mucho más, y con ello regalarme una vida más feliz y significativa a través del dar.

¿Ahora puedes ver por qué cuando yo soy vulnerable el mundo puede agradecerlo?


Pilar Padilla
pilar@trecuori.mx




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