viernes, 27 de noviembre de 2015

Pequeños cambios



“Cuanto más grande es el cambio, menos se cambia.”
                                          Jean Baptiste Alphonse Karr

No recuerdo bien  la situación, pero el otro día me dijo mi hija “Es impresionante como una pequeña sonrisa puede cambiar todo.”  Esta frase me hizo reflexionar. ¿No es cierto que muchas veces los pequeñas actos traen grandes resultados? ¿Y que frecuentemente los cambios pequeños y lentos pero consistentes son los más transformadores y duraderos?
Muchas veces anhelamos un cambio grande y rápido en la vida. Los cambios grandes  son emocionantes e inspiradores. Los grandes cambios motivan. ¿Pero te ha pasado que quieres convertirte de pronto en el deportista estrella siendo alguien que no mueve ni un dedo? Incluso, te inscribes en el mejor gimnasio de la ciudad, te compras la ropa deportiva y los zapatos más caros. Vas dos semanas todos los días y, tristemente terminas poniéndote la ropa los domingos para ver la tele en tu sofá.
¿O qué pasa con el libro de autoayuda que te inspira para cambiar tu vida, que te explica como modificar todos tus hábitos en tres días? No sé tú, pero después de 3 días con la motivación y la adrenalina al máximo me siento agotada, regreso a mis hábitos anteriores y aparte me digo a mí misma que soy un fracaso, sin fuerza de voluntad.
Investigando el tema me encontré algo sorprendente para mí. Hay una cuestión fisiológica que hace que los cambios pequeños pero constantes en muchos casos sean los más sostenibles.
Una parte de nuestro cerebro, el cerebro reptiliano,  tiene la función de mantenernos seguros. Siempre está observando si hay un peligro inminente. Y como a esta parte del cerebro le gusta lo constante, consistente y confortable, un cambio lo considera una amenaza.
El peligro potencial activa la respuesta del miedo, “fight or flight”, puedes luchar o huir. Todo nuestro sistema se pone en alerta y desarrollamos una resistencia masiva. Creo que muchos de nosotros conocemos el resultado de la misma: excusas, auto-sabotaje y auto-crítica.
Por el contrario, los cambios lentos y perdurables no provocan la respuesta de miedo.  Se acercan “de puntitas” al cerebro reptiliano y permiten que éstos vayan aconteciendo de una manera que nos hace sentir seguros a nivel inconsciente.
Y teniendo este nuevo entendimiento, me pregunto: ¿Qué pequeño cambio en mi día a día podría hacer una gran diferencia en mi vida?
Aunque éste pudiera parecer muy sutil, casi indetectable, pero ¿no es el método de transformación de la naturaleza?
Así se convierte la oruga en mariposa.

Maxi Hiedemann

maxi@trecuori.mx




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