viernes, 1 de enero de 2016

Dos mil dieciséis

                                                         


“Aunque no sabemos lo que nos depara el futuro, debemos siempre
hacer algo por la vida a favor de otros”.
-S.S. XIV Dalai Lama


Ha empezado ya el nuevo año. En un parpadear el 2015 ha quedado sólo como si hubiese sido un sueño, y no es para pasar al olvido, es para valorar las enseñanzas y las profundas bendiciones que nos dejó, unas en los momentos de gozo y unas en la promesa de que cada dificultad trae aprendizajes y nos muestra quiénes somos y a dónde podemos llegar. ¡Gracias por eso!

Las preguntas ahora están en ¿desde dónde voy a DECIDIR vivir el 2016? Y ¿quién QUIERO ser a cada instante de este nuevo año?
Para responderlas, no queda más que echarme un clavado al fondo de lo que soy y tocar no la parte tradicional -donde viven los “debo ser así”-, sino la parte de ensueño de “así deseo ser”.

Que este ciclo que inicia seamos gratos y busquemos la felicidad genuina en donde de verdad podamos encontrarla de forma duradera. No en lo exterior, en la fama, el poder, el éxito, sino en el cultivo de una mente y un corazón bondadoso, donde quepan también los intereses y el bienestar de los seres que nos rodean, del mundo entero.

Que las semillas de nuestro ser, nuestro hacer y nuestro haber –de dones, principalmente- se puedan dirigir a donde germinen como el mayor de los beneficios para todos.

Este día comparto con ustedes, mis amigos –los que ya conozco y los que sé que existen aún sin conocerlos en alguna parte del Universo- esta antigua bendición Celta, que enmarca mis deseos para cada uno:


Que los pies te lleven por el camino hacia el encuentro de quien eres, porque la felicidad, es eso, descubrirte detrás de ti, sabiendo que el verdadero disfrute está en transitar ese camino.

Que los ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene, aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es importante que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que las manos se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que el oído sea tan fiel a la hora de escuchar el pedido, como a la hora de escuchar el halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia y sepas escucharte y escuchar.

Que las rodillas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo del descanso.

Que la espalda sea tu mejor soporte y no lleves en ella la carga más pesada.

Que la boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una
ventana del alma.

Que los dientes sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.

Que la lengua exprese de modo tal las palabras que puedas ser fiel a tu corazón en ellas, conservando el respeto y la dulzura.

Que la piel te sirva de puente y no de valla.

Que el pelo le de abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un
buen peinado.

Que los brazos sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que el corazón toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del universo hacia adelante.



Pilar Padilla
pilar@trecuori.mx