viernes, 4 de marzo de 2016

Abriendo lo cerrado

“Solo hay una causa de infelicidad: las falsas creencias que tienes en tu cabeza, creencias tan extendidas que no se te ocurre cuestionar.”
-Anthony de Mello



¿Te ha pasado como a mí que pienso que algo es “mi creencia” y no la creencia de otro que me ha sido heredada sin darme cuenta siquiera?

Por definición, una “creencia” es una idea o pensamiento que se asume como verdadero, mientras que “asumir” es aceptar algo no material.
Pero, ¿quién es el que acepta o no acepta algo?

La conformación de una creencia nace desde el interior de una persona, a partir de sus propias convicciones y valores morales, influenciados fuertemente por factores externos y del entorno social, como la presión familiar, la autoridad, los grupos de poder, etcétera.

Creencias hay muy diversas. De entre otras, las hay “globales” –como el origen de la vida, el ser humano, el mundo-, las hay “de origen” –sobre las causas o sobre los significados-, las hay “abiertas” –las que nos permiten una discusión a partir de un análisis racional y lógico- y las hay “cerradas” –aquellas que sólo pueden ser discutidas por la autoridad-.

Aquí la pregunta que me viene a la mente es:


¿Estoy teniendo yo AUTORIDAD sobre mí misma para ABRIR aquellas CREENCIAS CERRADAS?


Sólo yo puedo otorgarme la confianza al saber que si mi motivación es genuina y es bondadosa para conmigo y para los demás, entonces puedo validarme y obtener el poder de abrir mi mente y con ello liberar las creencias que han estado allí, enjauladas.

Y es que resulta inútil cargar una mochila imaginaria a mis espaldas llena de todo tipo de objetos grandes y pequeños, símbolos de las creencias que no son mías y que aún así las llevo a cuestas a mi meta, manteniéndome pegada al piso, pe-sa-da, cuando lo que necesito es ligereza para fluir, para volar.

Me he propuesto dejar en el camino toda creencia que me impida crecer, que me haga perder la energía y la eficiencia para llegar a la cima donde mis sueños de colores, viven y esperan por mí.

¿Cómo voy a empezar?

Haciéndome consciente de que no estoy obligada a creer en algo “nomás porque sí”. Cuestionando. Cuestionándome: ¿para qué quiero creer en esto?

Confiando y desafiando mi pensamiento, sabiendo que puedo incluso CREER que porque algo se ha probado hacer de cierta manera –y no de otra- obteniendo siempre el mismo resultado satisfactorio o no, éste puede variar al siguiente intento.
El cambio nos persigue como nuestra misma sombra, de ahí el potencial de transformación, porque nada es estático ni eterno.

Les comparto esta reflexión al respecto:

“Las creencias me traen problemas. Son rígidas. No evolucionan con los cambios que están constantemente ocurriendo. No se adaptan. Tampoco sirve cambiar de creencia, ya que traería los mismos problemas. La creencia excluye toda nueva evidencia, aunque sea o no verdad en un momento dado. Lo que sí tiene sentido para mí es la tentatividad, la forma en que caminan los elefantes, que antes de colocar su peso sobre el terreno lo prueban para ver si los sostendrá o no. Cada paso con cada pie, porque la última vez no dice nada a cerca de esta próxima vez”.
-Barry Stevens



¿Cuándo por creer algo has dejado de crear un
camino más directo a tus sueños?



Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx







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