sábado, 26 de marzo de 2016

La semilla que soy


  

  Que se abra tu corazón como las flores,
          que viva vuelto arriba tu corazón.
                 -Cantares Mexicanos



Ha llegado la primavera, y con ella el inicio de un nuevo ciclo de floración, de colores, de tonos más luminosos, de clima cálido.
Las semillas que he sembrado anteriormente y a las cuales habré tenido que regar, estarán pronto al tiempo de florecer y eso me provoca una sonrisa y a la vez, hace que me formule algunas preguntas.


De yo ser semilla ¿Semilla de qué quisiera ser?
¿Qué fruto quisiera dar? Y… ¿De quién dependo para florecer?


Y es que cuántas veces he dependido de que los demás me rieguen y me abonen –al ego, a la importancia personal, haciéndome sentir valiosa-, o cuántas veces he regado la semilla –como potencial que habita en mí-, con mis propias lágrimas por sentirme insuficiente, culpable, incapaz, limitada solo por mi propia mente aflictiva.

Resulta  extenuante e incierto depender de la lluvia de cumplidos de los demás, de su aprobación, de su anuencia para con nuestros actos, para humedecer la tierra en la que estoy plantada.

Más aún, cuántas veces he actuado como víctima para que los demás me “defiendan”, me animen o me levanten, cuando esa debería entenderse siempre como una responsabilidad personal.

Si yo no procuro ver por mí misma, por alentarme a cumplir mis sueños, por abonar a mi propio crecimiento personal, entonces a quién estaré dejando la responsabilidad de la semilla que yo soy…


¿Cómo podría ser yo la flor que quiero ser si
mendigo a otros por mis propios pétalos?


Hoy quiero compartir contigo un poema atribuido a Walt Whitman –aunque se desconoce el autor real-, que alienta a mi semilla interna a germinar aún sabiendo que puede resultar doloroso el primer instante de brotar de la tierra siendo aún frágil, igual que cuando la mariposa deja la oruga para emprender el vuelo.




NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas...



Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx