sábado, 7 de mayo de 2016

CREER ES CREAR

                                                                                            Foto: Sonia Gomis





Lo que siempre pasa es aquello en lo que uno cree realmente; y creer  en algo hace que pase.
-Frank Lloyd Wright





Como he tratado ya en alguna de mis entradas anteriores en este blog, hoy traigo a la mesa de nuevo el tema de las creencias.

Por definición, una “creencia” es una idea o pensamiento que se asume como verdadero, mientras que “asumir” es aceptar algo no material.

La conformación de una creencia nace desde el interior de una persona, a partir de sus propias convicciones y valores morales, influenciados fuertemente por factores externos y del entorno social, como la presión familiar, la autoridad, los grupos de poder, etcétera.

De entre los tipos de creencias que existen –por ejemplo, las “globales” –como el origen de la vida, el ser humano, el mundo-, las “de origen” –sobre las causas o sobre los significados-, las “abiertas” –las que nos permiten una discusión a partir de un análisis racional y lógico- y las “cerradas” –aquellas que sólo pueden ser discutidas por la autoridad-, hoy vamos a tratar sobre el tipo de creencia que nos limita.

Las creencias limitantes son ideas, opiniones o pensamientos negativos que consideramos como ciertas, sin que lo sean, y que tienen una influencia condicionante en nuestra vida.   Quizá por una mala experiencia, quizá porque nos lo han repetido mil veces, nos creemos algo que no corresponde con la realidad.  En el campo opuesto, tenemos las creencias potenciadoras, las ideas en positivo.  

Las creencias limitantes nos bloquean o anulan, las creencias potenciadoras nos impulsan a avanzar.

Y ¿Cómo puedo yo trabajar en mis creencias limitantes?

María Mikhailova ha creado un ejercicio interesante, basado en el estudio de la Inteligencia Emocional y PNL para trabajar en estas creencias limitantes, tomado como punto de partida las aportaciones de Robert Dilts y Byron Katie, entre otros.
Este ejercicio se compone las siguientes 9 acciones:

1) Identifica una situación de dificultad en tu vida que deseas mejorar.
Ejemplo: “Me pongo nerviosa y me cambia la voz, el cuerpo y los gestos cada vez que me expongo a un grupo de personas delante del que hablar”.

2) Detecta la creencia que está detrás de esta actitud y deseas cambiar.
Utiliza una o dos frases claras y concisas que resuman tu creencia. Ejemplo: “Soy incapaz de hablar en público. Soy una persona tímida, insegura, no me gusta estar en el centro de atención.

3) Hazte la pregunta: ¿es al 100% cierta esta creencia?
Es probable que te des cuenta de que no hay nada de lo que podemos estar seguros al 100%. ¿De qué te vale entonces seguir aferrado a esta creencia si no te trae más que problemas?

4) Reflexiona: ¿cómo se ha originado dicha creencia en mí?
¿Has sido tú mismo, tu experiencia, otros? ¿Quién o qué te hizo crear esta creencia? Si no lo sabes ni tienes ejemplos de tu vida para ilustrar esta creencia, seguramente se trate de una creencia irracional o inconsciente, sin ninguna fundamentación objetiva. Razón de más para desechar esta creencia.

5) ¿Qué beneficio secundario o invisible me trae esta creencia?
Según la PNL, todas nuestras acciones conllevan un beneficio, aunque no seamos conscientes de ello. Fumar por ejemplo nos puede relajar, pensar que somos tímidos nos aleja de la necesidad de exponernos a los demás y nos mantiene en nuestra zona de confort.

6) ¿Cómo soy, cómo actúo, cómo es mi vida cuando creo en esto?
¿Te acerca o te aleja de tu objetivo?

7) Escoge una creencia potenciadora, contraria a la creencia anterior.
Crea una afirmación clara y concisa que te ayude a acercarte a tu objetivo.

8) Encuentra situaciones de tu vida que demuestren que esta nueva creencia tiene sentido.
Piensa en qué otros ámbitos o momentos anteriores de tu vida tu actitud correspondía con esta nueva creencia, aunque sea en una pequeña proporción.


9) Empieza a introducir esta nueva creencia en tu vida a través del lenguaje y pequeñas acciones.
Cuando te hablas a ti mismo y cuando hablas con los demás emplea palabras relacionadas con la nueva creencia. Y actúa conforme a esta nueva creencia. No tiene que ser de golpe, sino poco a poco. Empieza a tomar pequeñas acciones que respalden la nueva creencia para ir demostrándote a ti mismo que ésta es más real que la anterior.


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Para terminar, quiero compartirles algo muy lindo que me pasó…

Hace un par de semanas, a lo más, me llegó por e-mail una maravillosa iniciativa de “intercambio poético”, que trata de compartir textos constructivos y edificantes que en algún momento de nuestra vida nos hayan marcado, ya fuera que nos gustaran especialmente o que nos hubieran sido de ayuda.

Yo estaba convocada a mandar unas líneas a una persona desconocida para mí, y de la misma manera, personas desconocidas me iban a mandar sus textos especiales.

De entre los escritos que me han llegado, todos valiosos y bellos, el que les comparto, con permiso de su autor -al que si bien no conozco en persona, ahora conozco en alma- es uno que me ha dejado una huella imborrable, por su belleza pero más aún por su significado, también sobre el creer.


SI YO TE DIJERA

Si alguien te preguntara
Si crees todo lo que te dicen,
Le dirías que no?
Si alguien te preguntara
Si te crees todo lo que te dices,
Le seguirías diciendo que no?

Si yo te preguntara
Si crees en los milagros,
Si crees en tus miedos,
Qué me responderías?

Si alguien  te dijera
Que si crees en tus miedos
Es porque vives en ellos,
Porque tú los has creado
Y te los has creído,
Le creerías?

Si yo te dijera que fuiste creado
Para crear todo lo bueno,
Para crear todo lo bello,
Para crear todo lo sano,
...Me creerías?

Carlos Rangel
Santiago de Querétaro
Junio de 1999

(Poema publicado con autorización de su autor. Todos los derechos reservados).


Recuerda: Creer es crear.


Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx




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