viernes, 27 de mayo de 2016

Cuatro preguntas




“La realidad es siempre más amable
que las historias que nos contamos sobre ella.”
-Byron Katie


Hablando puramente del concepto, tenemos que “la realidad” es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, en oposición a lo que pertenece al terreno de la fantasía, la imaginación o la ilusión. Lo real, por lo tanto, es lo que existe efectivamente.
La definición de la realidad supone un problema filosófico. Determinar qué es real y qué no lo es, ha sido motivo de análisis y debate durante toda la historia de la humanidad. Jacques Lacan, famoso psicoanalista y psiquiatra francés del siglo XX, distinguía lo real de la realidad: entendía lo real como el conjunto de las cosas, independientemente de que las personas sean capaces de percibirlas; la realidad, por otro lado, la definía como las cosas tal como las percibimos. En otras palabras, para Lacan la realidad es un fenómeno y en ella se apoyan nuestras fantasías.

Partiendo de este razonamiento Lacaniano, me surgen estas preguntas:

¿Cuál es la realidad que estoy generando para mí misma a partir de
cómo estoy percibiendo mi mundo?

Y

¿Cómo dejo de fluir y me estanco por generar resistencia a lo que simplemente “es”?


Y es aquí cuando “El Trabajo” (The Work®) de Byron Katie, me parece de una utilidad sorprendente para identificar y cuestionar los pensamientos que causan el sufrimiento.
Ella asegura que “únicamente sufrimos cuando creemos un pensamiento que no está de acuerdo con lo que es. Cuando la mente está perfectamente clara, lo que es, es lo que queremos. Querer que la realidad sea diferente de lo que es, es igual que intentar enseñar a un gato a ladrar. Puedes intentarlo una y otra vez y al final, el gato te mirará y volverá a decir: “Miau”. Desear que la realidad sea diferente de lo que es, es desesperante.”

Katie comprendió que cuando creía que algo debería ser diferente de cómo era («Mi marido debería quererme más», «Mis hijos deberían apreciarme») ella sufría, y que cuando no creía en estos pensamientos, sentía paz. Vio que la causa de su depresión no era el mundo alrededor suyo, sino lo que ella creía respecto a ese mundo. En un repentino despertar interior, Katie entendió que nuestro esfuerzo por encontrar la felicidad estaba enrevesado: en vez de intentar, inútilmente, cambiar el mundo para ajustarlo a nuestros pensamientos de cómo «debería» ser, podemos cuestionar estos pensamientos y, mediante el encuentro con la realidad como es, experimentar una libertad y un gozo inimaginables. Katie desarrolló un método de indagación sencillo y, sin embargo, poderoso llamado “El Trabajo”, que ayuda a lograr esta transformación del pensamiento.

El día de hoy les comparto algo de esta metodología, que me ha parecido sencillo para su aplicación y de gran valor para hacernos una vida más feliz y menos complicada a nosotros mismos.

INSTRUCCIONES PARA HACER EL TRABAJO

El primer paso en El Trabajo consiste en identificar los pensamientos y juicios que están causando las emociones estresantes y anotarlos en el papel.

¿Verdaderamente quieres conocer la verdad? Investiga cada una de tus aseveraciones usando las cuatro preguntas y las inversiones que aparecen abajo. Deja fuera cualquier “pero”, “porque” e “y”. Cuestiona un solo juicio negativo a la vez durante el proceso. A menudo, tendrás varios juicios negativos sobre una persona. Trabaja cada juicio por separado mediante el proceso de indagación. El Trabajo (The Work) es una meditación. Se trata de crear conciencia no de intentar cambiar tu mente. Permite que la mente haga las preguntas, y luego reflexiona. Toma tu tiempo, adéntrate en ti mismo y espera a que respuestas afloren a la superficie desde lo más profundo.

LAS CUATRO PREGUNTAS

               ¿Es verdad?
(Solo si o no).
    ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza?
 (Solo si o no).
    ¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees en ese pensamiento?
. 
       ¿Quién serías sin ese pensamiento?

Este es un ejemplo de cómo las cuatro preguntas pueden ser aplicadas a la aseveración: “Pablo debe comprenderme”.

1. ¿Es verdad? ¿Es verdad que debe comprenderte? Sosiégate. Espera la respuesta de tu corazón.

2. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza? En última instancia, ¿puedes verdaderamente saber si él debe o no debe comprenderte? ¿Puedes saber, con absoluta certeza, que el comprenderte es realmente lo más conveniente para él?

3. ¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees en ese pensamiento? ¿Qué ocurre cuando crees “Pablo debe comprenderme” y no lo hace? ¿Experimentas ira, tensión, frustración? ¿Lo miras acaso con dureza? ¿Intentas cambiarlo de alguna forma? ¿Cómo se sienten esas reacciones? ¿Este pensamiento, trae tensión o paz a tu vida? Sosiégate mientras escuchas tu voz interior.

4. ¿Quién serías sin el pensamiento? Cierra los ojos. Visualízate en la presencia de la persona que deseas que te comprenda. Ahora, por un momento, imagínate que estás mirando a esa persona sin el pensamiento, “Quiero que él me entienda.” ¿Qué observas? ¿Cómo sería tu vida sin ese pensamiento?

LAS INVERSIONES

El siguiente paso consiste en invertir tu aseveración. Las inversiones son la oportunidad de considerar lo opuesto a lo que tú aceptas como verdad. Puede haber varias inversiones. Por ejemplo, la aseveración “Pablo debe comprenderme”, se puede invertir a:

•Pablo no debe comprenderme. (¿Acaso no es eso lo que ocurre algunas veces?)
•Yo debo comprenderme. (Es mi trabajo, no el de él.)
•Yo debo comprender a Pablo. (¿Puedo yo comprender que él no me comprenda?)

Permítete sentir plenamente las inversiones. Por cada una, pregúntate a ti mismo, ¿Es, por lo menos, tan cierto o quizá más cierto? ¿Puedes encontrar ejemplos específicos en tu vida donde cada inversión es tan cierta o más cierta que tu aseveración original? No se trata de responsabilizarte ni de sentirte culpable, sino de descubrir alternativas que pueden traerte paz.

INVERSIÓN PARA EL NÚMERO 6

La inversión para la aseveración número 6 es un poco diferente:
“No quiero nunca más volver a discutir con Pablo” se invierte a:
“Estoy dispuesto a discutir con Pablo otra vez”, y
“Espero con emoción por discutir con Pablo otra vez.”

Con el número 6 se pretende que recibas todos tus pensamientos y vivencias con los brazos abiertos; esto te permitirá ver dónde aún luchas contra la realidad. Si percibes el pensamiento y todavía sientes alguna contrariedad, tu Trabajo no está terminado. Cuando puedas honestamente esperar sin resistencia que vuelvan a suceder aquellas vivencias que han sido desagradables, entonces ya no hay nada que temer en la vida, y todo se convierte en un regalo que puede brindarte autorrealización.

Puedes profundizar más, siguiendo los ejercicios de El Trabajo en: 

¿Crees ahora que puedes hacer tu realidad más amable?


Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx