sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Víctima o protagonista?

                                                                                       (Foto by Emma Barthe)

Me gusta ser hombre, ser persona, porque sé que mi paso por el mundo
no es algo predeterminado, preestablecido.
Que mi "destino" no es un dato sino algo que necesita ser hecho
y de cuya responsabilidad no puedo escapar.
-Paulo Freire

Todos los que estamos frente a este escrito hemos llegado al mundo como seres dependientes de otros seres en muchos aspectos. Imposible sería haber llegado sin las células de nuestros padres y sin los cuidados que implicó nuestro sano desarrollo, e imposible sería haber llegado hasta este momento de vida sin la participación de incontables seres, causas y consecuencias, algunas favorables y otras no tanto, pero definitivamente en lo que no hemos dependido de nadie más que de nosotros mismos es en forjarnos una “realidad” a través de nuestra interpretación personal del mundo y sus circunstancias.

Sólo depende de mí decidir en dónde aluzo, en qué creo y con esto en lo que creo qué realidad me estoy creando. Me enfoco en lo que me hace falta o en lo que sí tengo; en qué hacen o no hacen los otros por mí, o en lo que yo misma puedo hacer por mí, en tener expectativas de los demás, o simplemente en ser lo mejor que pueda ser.

En este momento de mi vida adulta, donde existe la interdependencia con los otros, pero desde un lugar distinto –donde por lo menos pretendo ser responsable de mis actos- me hago cuestiono:

¿Cómo me estoy relacionando con las circunstancias de mi vida?

En la vida siempre tenemos la posibilidad de elegir qué camino tomar, lo fundamental es darse cuenta que cada decisión trae consecuencias.
Si estamos desempeñándonos en un trabajo que no nos satisface o en una relación que no nos aporta, que no saca lo mejor de nosotros mismos y nos acerca a la felicidad que todos buscamos, podemos elegir como camino la resignación, la queja, la insatisfacción, podemos “echarle ganas” pese a nuestra voluntad para mantener una supuesta armonía para con los demás… Y con nuestra propia zona de confort, que resulta muchas veces, la menos confortable de las zonas.

O bien, podemos conciliar o mejor aún encontrar nuevas alternativas desde nuestros valores y la forma en que pensamos, con amor hacia los otros, pero sobretodo con amor hacia nosotros mismos y que nos lleven de la mano al camino que  tiene como meta última el aprendizaje y el crecimiento personal.

Cuando algo no ha estado a la altura de lo que creo que es lo correcto
¿Me quejo o reclamo?

Aunque pareciera lo mismo “quejarse” y “reclamar”, hay entre estas dos una gran diferencia.

La queja me invita a jugar el papel de víctima. Cuando me quejo me paralizo, quedo inmóvil, centrada en mí misma, sin buscar que algo cambie. La queja queda entonces como una conversación a cerca de mis juicios personales y de mis expectativas sobre el otro, lo que me resta poder en la negociación hacia el cambio.

El reclamo –cuando se expresa correctamente-, por el contrario, me lleva a la acción. Es movimiento, permite coordinar acciones para reparar lo dañado, me regala nuevas posibilidades, me da el poder de renegociar condiciones, de establecer nuevos compromisos, de generar oportunidades antes no vistas y de mejorar relaciones.

¿Estoy siendo víctima o protagonista de mi propia vida?

Si ante acciones a tomar en la vida cotidiana las frases que me merodean en la cabeza o que incluso expreso son como estas “no tengo tiempo”, “no puedo asistir”, “es imposible”, “tengo que hacer esto o lo otro”, entonces estoy instalada en la postura de la “víctima”, que tiene el objetivo –inconsciente- de “ser inocente”, así, “yo no tengo la culpa de no tener tiempo, de no poder”, etc. De esta forma, la responsabilidad no es mía, es de otra persona, así no puedo fallar.
Esta manera de experimentarse a uno mismo –como la víctima-, no permite la generación de logros propios, porque se vive en dependencia de los otros, lo que genera en la mayoría de los casos un profundo sentimiento de frustración e insatisfacción a un costo muy caro: la impotencia.

Si, por el contrario, como primer paso busco transformar mi lenguaje mental y verbal hacia uno responsable –y por supuesto actuar en consecuencia- y en vez de decir “no tengo tiempo” digo “he decidido hacer otras cosas antes que eso”, o cambiar un “es imposible” por un “no se hacerlo” o un “me estresa” por un “elijo estresarme”, estoy entonces jugando el rol de “protagonista” de mi vida, una postura en la que gano libertad –de aceptar lo que no sé y de aprender entonces algo nuevo, de elegir qué emoción experimentar en mi convivencia con los demás, etc.-, con el costo que esto implica: la responsabilidad.

Ahora te pregunto:

¿Para qué continuar en un posición de víctima
cuando puedes ser el protagonista de tu vida?

Pilar Padilla / Coach

pilar@trecuori.mx






No hay comentarios.:

Publicar un comentario