sábado, 29 de octubre de 2016

¿A qué te sabe la vida?


No hay que dejar que el reloj y el calendario nos impidan ver que
cada momento de la vida es un milagro.
-Robin Sharma


Tan solo imagina

Despiertas un día y todo da vueltas. Quieres mantenerte en pie y sientes que el piso, que considerabas como una constante de seguridad y de estructura -i-na-mo-vi-ble-, también se bAlanCEa contigo.

Todo va y viene, todo parece estar sincronizado en diferente ritmo entre la manifestación física del cuerpo y la mente que procesa. Vives como en una realidad virtual porque al querer mirar es como si vieras sin vera menos cuadros por segundo, sin enfoque. Todo se ha distorsionado, la realidad no existe como aparece, cosa que sabías en teoría, pero ahora estás a un paso menos del largo camino que lleva a entender eso como meta.

Luego, te llevas algo a la boca, algo que siempre has considerado como delicioso -un trozo de un buen chocolate con avellanas- y no te sabe a nada. A na-da, léase bien. Después siguen las distorsiones y las lágrimas escurren por tu rostro. Te das cuenta que nunca has apreciado lo suficientemente eso ¡la maravilla de los sentidos! La maravilla de la vida. Que todo lo has dado por hecho -o tomado por dado- sin darle el valor que merece. Sin ser consciente de su significadodesperdiciando cada minuto con una queja, cada hora persiguiendo la perfección, cada jornada generando recursos externos -materiales- y perdiendo recursos internos -por la falta de consciencia, por la prisa, por el lograrlo-, y cada día buscando fuera el reconocimiento que no se tiene dentro, que no se lleva puesto a mitad del corazón.

El que podamos sentir la texturas -cuando acariciamos a un bebé o le hacemos cariños a nuestro perro-; el apreciar la inmensa variedad de colores que llenan nuestros ojos; el escuchar cada sonido -cada canto de los pájaros, cada risa, cada palabra de aliento-; el oler aromas deliciosos de fruta madura, de flores, de perfumes de la gente que amamos; el saborear cada alimento y reconocer en él todas sus notas y el sazón de mamá, son MILAGROS diarios que no los percibimos por estar distraídos, siempre en lo que sigue, siempre delante, siempre más alto. Nunca en lo que es, nunca en donde se está, nunca en el AHORAen el momento de disfrutar y sobretodo de agradecer.

Como invitación: cuando gozando del privilegio de estar vivos no logremos percibirlo así -porque nos enfocamos lo que falta y no lo que hay- entonces habremos de -metafóricamente- ver las cosascon nuevos ojos”, de escuchar connuevos oídos”, de saborearnos la vida, de reinterpretar. De validar y de validarnos. De usar el milagro de los sentidos de una nueva manera, con una nueva mentalidad, pero sobre todo, de estrenar un corazón más puro, más generoso y mucho más agradecidomás inocente.

Se ha dicho bien que el ego confunde a las cosas con su juicio, cree que las cosas son lo que él piensa que son, es más el ego cree que las palabras son las cosasel ego no vive, interpreta, es una constante actuación que nunca alcanza a la realidad.

En tanto la inocencia trata a todos por igual por eso está más cerca de la felicidad, de la riqueza, de la tranquilidadla inocencia ve todo con asombro por eso nos lleva de fiesta en fiesta, la inocencia cree lo que es una bienaventuranza, la inocencia es excitante porque ve todo por primera vez para ella el mundo está lleno de novedades; para la inocencia todo es un espejo porque en la inocencia tomamos conciencia que somos parte de Dios, es decir el que se ve a mismo en todas las cosas.

El inocente se divierte fácilmente porque todo le llama la atención, una vaca pastando, el tronco de un viejo árbol, las mariposas negras sobre los trigales dorados, el colibrí detenido en el aire, el panadero sacando el pan del horno, la noche estrellada, la lluvia del invierno, los leños ardiendo en el hogar, los papeles de Matisselas caravanas de las hormigas y las de los beduinos; el sermón del domingo a la mañana y el fútbol del domingo a la tarde.

El ego le pone nombre a las cosas pero el inocente las ve, el ego las juzga, el inocente las vive; el ego divide, la inocencia armoniza diferencias, el ego depende de la mente, el inocente del corazón.

El ego es viejo porque depende de la memoria, pero el inocente está naciendo a cada instante, el ego nos agota porque siempre lucha, el inocente flota graciosamente porque siempre se entrega
.
El ego se aburre porque no puede dejar de buscar, el inocente va de asombro en asombro porque siempre encuentra y puede quedarse por la eternidad gozando el mismo caballo, la misma flor o la misma estrella porque el inocente está tan entregado a la vida porque cambia como ella, constantemente.

Por eso lo mismo nunca es lo mismo, por eso la inocencia es fresca para siempre.

Ahora que estás solo y tranquilo, olvida lo que eres porque eso es creación de los demás  y escucha tu corazón:

¿Qué quieres ser?, ¿qué quieres hacer ahora?…
porque la vida es ahora mismo.”

(Fragmento del textoNo estás deprimido, estás distraído, por Facundo Cabral).


Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx