sábado, 8 de octubre de 2016

Escuchando a la Vergüenza…

 “Uno es verdaderamente libre cuando 
deja de sentir vergüenza de sí mismo.”
 - Friedrich Nietzsche



Yo soy una gran admiradora del trabajo de Brené Brown, la escritora, conferencista, profesora e investigadora que  ha dedicado su carrera al estudio científico del funcionamiento interno de varios conceptos como la vergüenza, la vulnerabilidad, la dignidad y la conexión.  En un blog anterior escribí sobre su Ted Talk “El poder de la vulnerabilidad” y ahora les quiero compartir un resumen  de su segunda conferencia con el título sobre “Escuchando a la vergüenza”, la cual está directamente relacionada con la conferencia de la vulnerabilidad.

Antes de investigar la vulnerabilidad Brené Brown estudió 6 años la vergüenza. Explica que la vulnerabilidad no es debilidad. Es la medida más precisa de coraje y valentía. Dejarnos ver tal como somos, con nuestros defectos, con nuestros fracasos. La vulnerabilidad es el lugar donde nace la creatividad, la innovación y el cambio. Pero para entender la relación entre vulnerabilidad y el coraje es preciso hablar de la vergüenza.

La socióloga  abre el tema  contando una divertida anécdota que le ocurrió en una tienda después de su primer conferencia en la que admite que tuvo una crisis nerviosa; se le acerco una mujer y le dijo, que gracias a ella cambiaron el lema de su club de amigas: “Nuestro lema ahora es: nos derrumbamos y es fantástico”. Un ejemplo extraordinario y lleno de sentido de humor, acerca de cómo ver las crisis de una forma natural y como parte de nuestra vida.

Sigue desarrollando el tema contando que los seguidores de Jung hablan de la vergüenza como los pantanos del alma, y añade: “Vamos a adentrarnos allí, pero no para quedarnos y construir nuestra casa, se trata de ponerse las botas de agua, atravesar el pantano y encontrar el camino”.

Ella dice que: “El gran éxito de Ted Talk es, que representa la conferencia del fracaso”, haciendo referencia a que todos los que  han dado conferencias en este foro, han fracasado muchas veces, pero no se dieron por vencidos. Fracasar, levantarse e intentarlo de nuevo es lo que cuenta. Como dijo Theodore Roosevelt: “No importan las críticas ni aquellos que muestran cómo los que hicieron algo podrían haberlo hecho mejor, cómo erraron y dieron un traspié tras otro. El reconocimiento pertenece al hombre que está en el ruedo con el rostro manchado de polvo, sudor y sangre. Y cuando se está en el ruedo, en el mejor de los casos gana, y en el peor, pierde, pero cuando falla, cuando pierde, lo hace con gran osadía’".

Cuando estamos en el ruedo y tenemos la mano en la puerta, pensamos: “entraré y lo intentaré”, la vergüenza es el fantasma o la vocecita que dice: “No eres lo suficientemente bueno”, “nunca eres lo  suficientemente perfecto”; Si logramos callar la voz, tratar de seguir y hasta atrevernos a decir: “Lo haré”, alzamos la mirada y vemos un crítico que nos señala, se burla de nosotros y nos dice: ¿Quién crees que eres?; y en el 99% de los casos ¿quién es el crítico? somos nosotros mismos. La vergüenza es sentir que somos insuficientes.
Brené Brown enfatiza  que la vergüenza no es lo mismo que la culpa. La vergüenza está centrada en uno mismo, la culpa en el comportamiento. La vergüenza es “soy malo”. La culpa es “hice algo mal”.

La vergüenza es un miedo universal, es temor a la desconexión. La conexión, es la razón de ser de los seres humanos, el propósito y lo que le da sentido a nuestra vida. Todos tenemos esta pequeña voz que nos dice: “Hay algo dentro de mí que si otra gente lo ve, o llega a saber, no voy a ser digno de establecer una conexión con ellos.” Las únicas personas que no sienten vergüenza, son las que no tienen empatía. No es nada perjudicial sentir un poco de vergüenza.  

Un dato muy interesante es que la vergüenza en las mujeres está ligada con el “deber ser”. Para ellas es: “Haz todo, hazlo perfecto y siempre da tu mejor cara.” Es esta red de expectativas contradictorias y competencias imposibles de obtener, relacionadas con que se supone que debemos ser. En cambio los hombres no quieren ser percibidos como débiles.

La vergüenza es una epidemia en muchas culturas y para salir de ella, para encontrar el camino de vuelta, tenemos que entender como nos afecta a nosotros y a nuestra paternidad, como trabajamos y como nos miramos uno al otro.

Si queremos reencontrarnos el uno al otro tenemos que entender y  conocer la empatía porque la empatía es el antídoto para la vergüenza.  Por eso, las dos palabras más poderosas cuando estamos en lucha con esa emoción, son: “Yo también”. Yo también me he sentido así, yo también he pasado por esto, yo también he hecho o dicho algo similar. Si vamos a reencontrar el camino que nos une, debemos transitar la vulnerabilidad.

Brené Brown enfatiza que es muy seductor quedarse fuera del ruedo, cuenta  que ella lo ha hecho toda su vida y cierra su conferencia con las palabras:  “Nos decimos: entraré en el ruedo cuando esté bien acorazado y sea perfecto. Y eso nunca va a pasar; incluso cuando consideres que has llegado a ser tan perfecto y sientas que está bien acorazado, en cuanto entres al ruedo,  no será lo que queremos ver. Queremos que entres en el ruedo porque lo único que esperamos de ti, es una gran osadía”.

Escuchando la conferencia recordé las palabras de Samuel Beckett: “Intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.”
Para mí, de eso se trata la conferencia y de eso se trata la vida: de atreverse, de fracasar, levantarse y seguir intentando… de estar en el ruedo.


Maxi Hiedemann / Coach                                                                             
maxi@trecuori.mx




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