viernes, 4 de noviembre de 2016

A brillar…



“Pensé que una estrella fugaz era una estrella muy bonita que tenía miedo de brillar, y huía lo más lejos posible, un poco como yo.”
 - Jöel Dicker
Muchos clientes que deciden comprometerse con un proceso de Coaching buscan un acompañamiento en el logro de sus objetivos. Cuando revisamos los obstáculos que la gente ha tenido, primero salen las “razones aparentes”: falta de tiempo, falta de recursos personales, la economía… y un sinfín de otros impedimentos. Pero indagando de manera profunda en la pregunta: ¿Qué representa tu obstáculo más importante para alcanzar el objetivo tan deseado para ti?, frecuentemente los clientes se dan cuenta de una “razón inconsciente”, una traba que nunca antes habían visto: ¡El miedo a brillar!
Parece que para muchos de nosotros la oscuridad es un lugar más cómodo, protegido y seguro. Ser visto y estar expuesto, ir contra corriente, el que los demás hablen de nosotros, que nos juzguen o que nos tengan envidia, no poder darle gusto a todos…esos son algunos temores relacionados con el miedo a brillar.
Yo estoy convencida de que nacimos con una luz interior y que tenemos que permitir que salga. Debemos perder el miedo a brillar y a ser quienes somos. Debemos aprender a tomar las riendas de nuestras vidas y a ir tras nuestros sueños, y así iluminar la vida de los demás. Este poema de Marianne Williamson expresa todo lo que quiero decir en hermosas palabras:

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

Para despedirme por hoy te invito a reflexionar lo siguiente:
¿Y si dejas de ser una estrella fugaz y te conviertes en una estrella permanente en el firmamento? ¿Qué pasaría si brillaras? ¿Qué harías diferente? ¿Qué decisiones tomarías?

 Maxi Hiedemann / Coach
maxi@trecuori.mx


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