sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Y si lo logro?



“Podemos perdonar fácilmente a un niño que
tiene miedo de la oscuridad;
la verdadera tragedia de la vida es
cuando los hombres tienen miedo de la luz.” Platón

Estamos en la antesala del nuevo año, e inicia con esto la época en que empezamos a valorar lo que hemos hecho de nuestro año y lo que quisiéramos lograr en el año futuro.

No deja de sorprenderme que año con año –al igual que le sucede a varios de mis clientes en sesiones de coaching- reflexionando en lo que se quiere hacer para el siguiente ciclo, ya sea en el área personal o profesional, la mente empieza a jugar malas pasadas y a susurrar algunas preguntas –que parecieran absurdas- como esta:

¿Y si tienes éxito?

Muy a menudo sucede que cuando tenemos como meta objetivos importantes o saltos muy representativos en nuestra vida, los cuales suponen por supuesto grandes cambios, no sólo su grado de dificultad puede influir en que logremos acceder a ellos, sino uno de los obstáculos que suele presentarse comúnmente ante nosotros y que nos dificulta saltar al siguiente nivel deseado es el miedo a triunfar.

¿Les ha pasado como a mí que he sentido miedo cuando me he propuesto objetivos que pueden alterar mi vida de una manera significativa y sacarme de mi zona de confort, aunque sé que me llevarán a un estadío de mayor significado y bienestar?

Es justo en este momento en que aún no despego mis pies del piso para impulsarme a dar el gran salto, y en que sigo en la posición inicial tomando un respiro pero ya con la mirada enfocada en la realidad futura donde este miedo habita.

¿Podré con este nuevo trabajo? ¿Haré un buen papel en mi nueva vida? ¿Seré lo suficientemente talentoso para seguir con el ejemplo de mis antepasados?

Éstas, como muchas preguntas –y muchos pensamientos más-, solo me impiden tomar acciones más firmes y por ende hacen más sinuoso el camino hacia mi meta.

Entonces mi tarea personal se convierte en hacerme la pregunta: Si mañana pudiera dejar todo y dedicarme solo a lo que en verdad quiero, ¿qué pensamientos y miedos debo de dejar a un lado? Y luego, evidentemente, al haberlos hecho conscientes, trabajar en dejarlos a un lado, agradeciéndoles que en algún momento quizás me fueron de utilidad, en otra circunstancia de mi vida, pero despidiéndolos de mi escenario mental del hoy y del futuro, no apegándome a ellos. No necesitándolos más.

No es el miedo al cambio directamente lo que nos atemoriza, son los efectos colaterales que éste trae consigo.

Estamos llamados a ser conscientes de que en el camino a nuestra nueva realidad muy seguramente aparecerán obstáculos e inconvenientes –propios de todo cambio-, para lo que tenemos que mantener nuestra motivación muy presente y avivarla cada vez que consideremos desistir. Para este caso, responder interna y genuinamente la pregunta ¿para qué lo estoy haciendo? puede resultar muy poderoso para alentarnos a caminar en el sendero.

¿Cuántas veces hemos postergado esas decisiones importantes que nos llevan a grandes cambios? El que conserva su trabajo antiguo “por si acaso” su empresa personal no tiene éxito, el que no busca más clientes con el miedo a después desbordarse entre tanto trabajo, el que no publica un libro ya escrito porque si le llega la fama ¿qué va a hacer con ésta?, el que tiene un talento artístico y lo oculta pese a que sus amistades lo ovacionan, el que no crece para que los demás no se queden atrás, por lealtad, y tantos ejemplos más.

Termino con la invitación a pensar qué pasaría si tengo éxito haciendo realmente lo que quiero… aceptando nuevos retos, abriendo nuevos caminos. Llevando mi atención –y poniendo luz- a los temores, cuando sea que éstos surjan, porque cuando hay luz –consciencia-, los temores desaparecen. Recuerda:

“Hay oscuridad en la vida y hay luces,
y tú eres una de las luces,
la luz de todas las luces.”
-Bram Stoker.

Pilar Padilla / Coach
pilar@trecuori.mx




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